VII CONCURSO

PREMIO OROLA VIVENCIAS

2013

Ulyses Villanueva Tomás, de Alpedrete

Ganador de la VII Edición del PREMIO OROLA DE VIVENCIAS por su vivencia:

Con un estilo sobrio y conciso, esta vivencia denuncia cómo, en una sociedad que carece de mirada crítica, una postura totalmente arbitraria tolerada a lo largo del tiempo, puede crear barreras y divisiones que limitan nuestra manera percibir la realidad y en definitiva, nuestra libertad.

EL MURO

El mimo se puso un traje de ladrillos estampados, se maquilló cuidadosamente la piel de la cara y las manos con hollín y se quedó completamente quieto en mitad de una calle peatonal. Fue tan buena su interpretación que pronto se llenó de carteles electorales y grafitis multicolores. Los perros se acercaban hasta él para hacer pis y, con el paso del tiempo, dividió a la ciudad en dos partes. Nadie supo muy bien por qué dos militares comenzaron a pedir la identificación a quien deseaba pasar al otro lado. Poco después otro mimo disfrazado de alambrada se tumbó encima del muro y ya no hubo manera de cruzar.

Diana Irene María Blanco, de Eduardo Castex, La Pampa, Argentina

Ganadora del Segundo Premio:

DULCE DUEÑA

Cómo decirles a mis manos

que tuve que apagar todas las luces

y hacer de la caricia un relámpago antiguo.

Que debí esconder mi fuego

para que no me robaran las llamas.

Que hube de refugiarme en la espesura,

y lamer mis heridas, juntar trozo a trozo

mi corazón devastado.

Cómo explicarles que mi sangre

debió ser una mariposa lenta

en los frutales caminos de mi vientre.

Que apreté mis días de piel confundida

para que no me quitaran el tiempo de la siembra.

Que amordacé palabras para que no pisaran

la huella de mi aliento.

Cómo decirles que esta mujer que soy,

distante como las hojas brillantes de los álamos,

rotunda y plural como una ola,

al fin, se pertenece.

 Eva María Riber Herráez, de Madrid

Ganadora del Tercer Premio:

GRACIAS A LOS QUE AMAN

 

Tú me enseñaste a construir amaneceres y a levantar la casa con caricias.

Y te observé, cada día, cuando pintabas las paredes con grandes y hermosas sonrisas.

Sin ruido, sin esfuerzo, cortaste la cuerda de la cometa gris de egoísmo. Voló y se alejó abriendo el cielo.

Fue tan fácil alcanzar a tu lado el arcoíris, que pude convertir las palabras y los gestos en los colores más bellos.

Sabías cómo inventar los días y las noches. Retirabas las persianas del odio y encendías el fuego de la hoguera para quemar en ella los leños de soberbia.

Así, simplemente amando, me mostraste cómo detener el tiempo y calmar la tempestad y la tormenta. Entonces se cubrió el cielo de esperanza y el sol secó una lágrima de tristeza.

A tu lado aprendí a amar, solo dando. No perdí. ¡Cuánto ganado!

Gracias a los que aman sin esperar nada.