IV CONCURSO

PREMIO OROLA DE VIVENCIAS

2010

Juan Manuel Seco del Cacho, de Madrid

Ganador de la IV edición del Premio Orola por su vivencia: «Destino definitivo». Un hermoso texto con una gran carga conceptual en cada una de sus líneas, que nos habla de un de lugar imaginario, más humano, más equilibrado y más auténtico. Juan Manuel Seco es escritor amateur, profesor y traductor de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas.

 

DESTINO DEFINITIVO

Donde el ocaso nos de la señal de descanso

economía sea cuidar de tu casa

y herrero algo más que un apellido.

Donde la tierra sea la única inversión posible

y la mañana nos llegue

con el rocío, el mirlo, y el campanario.

Donde el animal humano no quiera ser

más sabio ni más fuerte que la propia naturaleza que lo acoge,

y cohabite el olvido con los recuerdos de la infancia.

Donde las monjas hagan dulces de receta antigua,

los frailes cultiven su huerto

y un castillo de mil años siga en pie

para morada de lagartijas.

Donde el ensueño raiga la música de las esferas.

Donde frío y calor tengan su razón de ser.

Donde no haya que hablar de libertad

más que del sol y del aire,

y todos sepan dejarse una pizca de ella

para que nadie se la arrebate nunca a nadie.

Donde las puertas no se cierren ni a los gatos.

Donde Dios solo exista

para poder estarle agradecido.

Aníbal Martín, de Cáceres

Ganador del segundo premio por su vivencia: «Auscultando el silencio». Una trabajo que nos sitúa, a través de una escena perfectamente elegida y narrada, ante el terrible dolor que produce la pérdida de los seres queridos.

Aníbal es estudiante de traducción en Granada, nació en Cáceres en 1988.

 

AUSCULTANDO AL SILENCIO

Al levantarme de la cama esta mañana sin dormir en toda la noche, estaba tan alterada que mi hermana me ha llevado al médico. Estoy totalmente sana. Vaya capricho. Cuando he llegado de nuevo a casa me he sentado en mi mesa camilla de la cocina y me he servido un café mientras miraba a lo lejos. De repente, he sentido una necesidad, fruto seguro de la locura que me espera, de abrir la ventana, mirar hacia el banco donde se solían sentar mi marido y mi hijo y gritar «¡os quiero!». Me he callado. Los muertos no escuchan. En ese instante recordé cuatro versos de Lorca:

«Las cosas que se van no vuelven nunca,

todo el mundo lo sabe,

y entre el claro gentío de los vientos,

es inútil quejarse».

Amada Guillermina Rivera Gómez, de El Salvador

Accede al tercer premio por su vivencia: «Yo estuve contigo».

Una evocación perfectamente construida sobre la visión del amor incomprendido desde una perspectiva deliciosamente femenina.

Amada es licenciada en Filología Hispánica y trabaja como capacitadora y consultora en el Área de Lenguaje de El Salvador.

 

YO ESTUVE CONTIGO

Me desperté y empecé a buscarte

pero no te encontré.

Salí al jardín y caminé entre los arbustos y las flores

y no estabas.

Entré de nuevo en la casa,

me preparé un café

y te esperé largo tiempo…

pero no llegaste.

Me fui al trabajo y te busqué

creí que ahí te encontraría,

pero tampoco estabas.

Pensé que quizás habías vuelto a casa

y regresé corriendo.

Te busqué de nuevo

y solo encontré tu carta:

«Te despertaste esta mañana

con un tibio rayo de luz sobre tu cara.

Te seguí al jardín y me apartaste

al tocar sin mirar mis bellos nardos.

Estuve frente a ti, en el rico aroma del café

que salía de tu taza.

Me fui contigo al trabajo y te mostré

el hermoso cielo azul de la mañana,

pero no lo viste.

Entré contigo en la oficina

y te saludé con la voz suave del portero

a quien ignoraste.

Insistí en que me vieras en los ojos de tu amiga

que lloraba inconsolable,

y tampoco me viste.

Me regresé entonces contigo

y de nuevo en casa, mientras me buscabas

te escribí esta carta y me fui».