III CONCURSO
PREMIO OROLA DE VIVENCIAS
2009

Elena Jódar Lorite, de Barcelona
Ganadora de la tercera edición del Premio Orola por su vivencia «Te lo dejo escrito». Todo un drama en en líneas, tratado con delicadeza, ternura y amor filial, con un final que rubrica toda la poesía que puede encerrar el paso de la luz de la inteligencia al apagón de la propia identidad.
Elena Jódar es escritora amateur, licenciada en Geografía e Historia y trabaja en museos como arqueóloga.
TE LO DEJO ESCRITO
Por primera vez, me enfrento a tus ojos vacíos.
Tus manos tiemblan tímidamente, entrelazadas sobre tu regazo.
Hebras de cabello lloran sobre tus hombros caídos.
En tus labios se dibuja casi imperceptible, una mueca congelada.
¿Sabes quién soy, mamá?
Como única respuesta, tu mano de ámbar atrapa un poco de aire.
Mamá, sabes quién soy?
Esta vez, masticas las palabras que nunca más me dirás.
Del bolsillo de tu vieja bata, surge un pedazo de papel raído.
«Te quiero, por si algún día me olvido de decírtelo,
te lo dejo escrito».

Esteban Torres Sagra, de Aldeahermosa de Montizón (Jaén)
Merecedor del segundo premio por su vivencia «Amor sin epitafios». Una descripción poética, irónica y con mucho simbolismo de un estado de ánimo marcado por un desengaño amoroso.
AMOR SIN EPITAFIOS
Aquel hatillo de cartas que nunca guardé
en cajas recónditas de armarios confidentes.
El mechón surrealista que no quise
alojar para siempre en mi cartera….
Fotografías sin cámara al atardecer
que hubiesen acotado algún paisaje
en álbumes con lomos de ictericia.
La rosa trágica que no ha servido
de cadáver en un libro de poemas
y el anillo que no te regalé
con una grabación imaginaria.
No tenemos nada que devolvernos.
No dejaremos indicios que nos comprometan
y, al cabo de unos años, podremos
negar que nos quisimos.

Carlos A. Sourdis Pinedo, de Barranquilla (Colombia)
Ganador del tercer premio por su vivencia «La tierra prometida». Sobria vivencia en la que describe magistralmente la doble reflexión entre el espejismo de la felicidad ajena y el reconocimiento de la propia realidad.
LA TIERRA PROMETIDA
La tierra prometida es cualquier lugar en el que yo nunca haya estado. Es decir, cualquier lugar de mis sueños en el que el pasto luzca más verde y brillante, al otro lado de tantas cercas: el patio del vecino, su cama, su mujer o su escritorio de oficina, sus esquinas y sus andenes. Pero sólo tendré que vestir sus penas y calzar sus miserias cotidianas durante unas pocas horas, o pronunciar con mis labios sus lamentos, sus plegarias, para comprobar el mal sabor que dejan las vidas ajenas, porque entonces, plagiando esas vidas, obviamente, también vestiré el traje del espantapájaros que mira con envidia hacia mi propio patio, hacia mi cama, a mi mujer y a mi escritorio sombrío, mientras sueña con hallar al otro lado de la frontera de su propia vida un forraje más dulce, más tierno, más verde, en el caos parejo y familiar de mi propia vida.